BohechiodigitalRD.-La reciente controversia provocada por los reportajes sobre el estilo de vida de algunos líderes evangélicos ha generado un intenso debate dentro y fuera de la comunidad cristiana.
En medio de ese escenario, las declaraciones del pastor Ezequiel Molina Rosario invitan a mirar más allá de la polémica y a reflexionar sobre el verdadero propósito de la Iglesia.
En lugar de responder con ataques o descalificaciones, Molina optó por un mensaje que llama a la unidad, al examen de conciencia y a la confianza en la soberanía de Dios.
Su agradecimiento a la periodista Nuria Piera, sorprendió a muchos, pero deja una enseñanza que las Sagradas Escrituras confirman una y otra vez: Dios puede transformar las pruebas en instrumentos de crecimiento espiritual.
La Iglesia de Jesucristo no está edificada sobre la imagen o la popularidad de hombres y mujeres, sino sobre el fundamento inmutable de Cristo.
Por ello, cuando surgen cuestionamientos legítimos sobre el comportamiento de algunos de sus representantes, la respuesta no debe ser el silencio ni la confrontación, sino la humildad, la transparencia y el arrepentimiento donde sea necesario.
También es justo reconocer que no se puede medir a toda la Iglesia por las acciones de unos pocos.
Miles de pastores y congregaciones sirven cada día con discreción, llevando alimento al necesitado, acompañando a las familias en momentos de dolor, predicando el Evangelio y extendiendo la mano a quienes más lo necesitan.
Esa labor silenciosa sigue siendo el verdadero rostro de la fe cristiana.
Toda crisis deja al descubierto tanto las debilidades como las fortalezas. Si este momento impulsa a la Iglesia a vivir con mayor fidelidad al Evangelio, a fortalecer la rendición de cuentas y a renovar su compromiso con la sencillez y el servicio, entonces habrá cumplido un propósito que trasciende cualquier controversia mediática.
Como expresó el pastor Ezequiel Molina, quizá muchas personas se acerquen a las iglesias movidas por la curiosidad. El desafío será que no encuentren espectáculos ni protagonismos humanos, sino una comunidad que refleje el amor de Cristo, la verdad de Su Palabra y el poder transformador del Evangelio.
Porque, al final, ninguna crisis es más grande que el propósito de Dios. Y cuando la Iglesia responde con humildad, fe y obediencia, incluso la crítica puede convertirse en una oportunidad para que el nombre de Jesucristo sea glorificado.
