Familiares, vecinos y relacionados por lo regular no son ajenos a las amenazas y violencia física a que son sometidas mujeres que al final son ultimadas por sus verdugos.
Después de lo irremediable se oyen las historias sobre los conflictos que anticipaban el fatal desenlace.
La muerte de Yéssica Álvarez Jiménez, de 26 años de edad, no debe ser un número más, sino un tardío punto de inflexión para que todos los sectores se involucren en la lucha contra los femicidios.
Como las autoridades han sido impotentes para contener la tragedia que solo en el primer trimestre costó la vida a 22 mujeres, la sociedad tiene que asumir un rol más activo para al menos reducir la epidemia.
Fuente: elnacional.com
