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Sánchez: ¡La Bandera no se rinde en San Juan!


Por: Silvano Pumentel. 
San Juan de la Maguana.-Hoy, 9 de marzo,en su 209 años de su nacimiento,no es un día para susurros ni para protocolos fríos. Es el día en que la tierra dominicana parió a su hijo más vertical, al hombre que no solo soñó la patria, sino que la cargó en sus hombros cuando otros, cobardes y entreguistas, pretendían subastarla al mejor postor. ¡Francisco del Rosario Sánchez ha vuelto a nacer! 

Resulta imposible escribir sobre Sánchez sin que la sangre hierva. Mientras algunos buscaban la comodidad del protectorado, él, con apenas 27 años, se plantó frente a la Puerta del Conde para decir: "Aquí comienza nuestra libertad". Pero su gloria no se quedó en esa noche de febrero; su verdadera talla de gigante se forjó en el dolor, en el exilio y, finalmente, en el polvo sagrado de San Juan de la Maguana.

¡Qué infamia la de Santana! ¡Qué traición tan amarga! Ver al héroe de la Puerta del Conde entrar por El Cercado, herido, traicionado por los suyos, pero con la frente más alta que las montañas que cruzaba. 

Me estremece pensar en aquel 4 de julio de 1861,con apena 44 años,Imaginen el escenario: el sol de San Juan como testigo mudo de un crimen atroz. Veinte compañeros, veinte valientes, flanqueando al Patricio. 

Sánchez, no murió como un criminal; murió como un sol que se oculta para dar paso a la tormenta de la Restauración.  Cuando gritó ante el pelotón de fusilamiento: "¡Decid a los dominicanos que muero con la patria y por la patria!", no estaba despidiéndose, estaba lanzando un mandato eterno. 

¡Él era la Bandera! 
Sus venas eran el rojo, su pulcritud el blanco y su esperanza el azul. Hoy, a su 209 años de su nacimiento, la pregunta nos quema el pecho: ¿Somos dignos de su sacrificio? Sánchez nos mira desde la historia, desde ese cementerio sanjuanero donde su sangre selló nuestro derecho a ser libres. 

No permitamos que el olvido sea su segunda muerte. 
¡Que viva Sánchez! ¡Que viva el mártir de El Cercado! ¡Que viva por siempre la República Dominicana que él, con su último aliento, se negó a dejar morir!