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Reflexiones en mi cumpleaños


              Raphy D'Oleo, empresario artístico 

Sabemos cuándo nacimos, pero no cuándo moriremos. La pregunta de cuántos años tenemos conlleva una respuesta lógica del tiempo que hemos vivido. 

Sin embargo, pienso que lo ideal sería saber los años que nos quedan por vivir, lo que es imposible conocer. Por ello es importante vivir a plenitud el momento que transcurre, el ahora, el hoy. 

El pasado es un gozo fraudulento del recuerdo, mientras que el futuro es una transportación de felicidad ficticia a un mundo onírico con aterrizaje forzoso e incierto en la realidad. 

Si identificas las características de cada época, podrás disfrutar al máximo los mejores momentos de tu existencia, empatando los ¨retrasos ¨ y evitando los ¨adelantos ¨. 

No quieras vivir ahora lo que no pudiste hacer en su momento, ni pretendas traer al presente lo que llegará en su tiempo oportuno. 

La vida es una sucesión de décadas, etapas de 10 años donde acumulamos experiencias propias y ajenas. Los primeros diez Muy frágiles. Apenas los recordamos. Somos felices y despreocupados, encerrados en una burbuja de fantasías. 

Los próximos diez Edad del péndulo. 
Nada sabemos, nada nos importa. Caminamos entre rabietas, protestas y chantaje. Los veinte Adquirimos conciencia de lo que “quiero ser”. Subimos a un tren que se lleva todo por delante sin pausas y con prisa. 

Creemos conseguir en un segundo lo que a la divinidad le ha costado una eternidad y creamos la base de nuestra felicidad futura o cavamos la tumba de nuestra conciencia cósmica. Los treinta Neuronas libres en un cuerpo sin límites. 

Las “malas noches”, que de malas no tienen nada, y las satisfacciones culinarias repletas de lípidos y toxinas, conducen los pasos del mañana por la escalera de un hoy prematuro en cuyo descanso no hay espacio para la prudencia. 

Los cuarenta 
El nombre lo dice todo. Comienza la etapa de cuarentena. Vivimos al acecho de oportunidades y las alertas realizan su función de guardianes de la seguridad. 

Los demás dejan de ser los demás para convertirse en los de menos. Nuestra confianza en otros es más selectiva y aparece el temor a lo que vendrá. Los cincuenta Nada cuenta, todo es lo mismo y las canas iluminan la irracionalidad de nuestro cerebro. 

No hay cuentas que saldar ni plazos que cumplir, llamamos a las cosas por su nombre y si a alguien no les gusta, no nos importa si se ofende. La vida es un axioma, nada que demostrar. 

Los sesenta 
La graduación de los cincuenta anteriores. 
El éxtasis. Sentimos que se cumplieron todos los sueños que nos llevarán a los dinteles de la gloria. 

Confirmamos que la vida ha sido una tómbola desde que nacimos, donde el premio mayor lo obtuvimos, al darnos cuenta que las riquezas materiales son desechos que morirán con nosotros y que lo único valedero es, tener gente que te quiere sin ver quién eres o cuánto tienes. 

 *Por Raphy D’Oleo