A comer en higüero!...

Hasta la aparición de fibras sintéticas desarrolladas en laboratorios químicos, sólo el barro era contrincante del higüero.

La decadencia de este fruto comenzó con las investigaciones de E.I.Du Pont de Nemour Co. Esa empresa comenzó a cerrar el paso al higüero con el rayón y el nylon.

El rayón tuvo vocación de tela desde su aparición hacia el decenio de 1930. En cambio, el nylon paró en medias largas de mujer o hilos de pesca, hacia esa época.

Las medias largas de la mujer ya venían al país desde fines del siglo XIX. Eran fabricadas en algodón.

De estas fibras, nylon o crayón, no se fabricaron artículos como vasijas, palanganas o vasos. Por tanto, no determinaron el ocaso del higüero. Ésos y otros objetos esperaron al plástico y definitivamente, estos sustituyeron al higüero.

El plástico comenzó a llegar a República Dominicana en el primer tercio del decenio de 1950.

Ubico mis recuerdos en negocios de mis padres para hablarles de los artículos elaborados en plástico llegados como “avanzada” de los cambios.

Botones para ropa de mujer, poncheras, bacinillas y juguetes, abrieron el camino del plástico. Los botones para camisas de hombre tardaron en penetrar el mercado.
Empresas fabriles como Gual Hermanos, de San Pedro de Macorís, siguieron usando botones de hueso y nácar para camisas y pijamas de hombres. Muy ocasionalmente, aunque solamente en camisas de confección artesanal, se usaban botones metálicos. Sobre todo, en bronce y latón para chaquetas militares.

Los dominicanos estamos vinculados al nylon, de manera que la queja no debe radicalizarse. El Central Romana Corp., de La Romana, fabricó desde principios del decenio de 1950, el llamado fulfural, una de las sustancias básicas para el nuevo tejido. El ingenio azucarero saca esta sustancia química, del bagazo de la caña.

En cambio, no estamos ligados al plástico. Este material resulta de aleaciones de polímeros derivados de hidrocarburos.

Al plástico le dio brega penetrar el mercado dominicano. Sobre todo los botones eran burdos, de escaso brillo y poco llamativos. Los juguetes, en cambio, se abrieron paso más rápidamente, sustituyendo aquellos de latón con cuerdas de bronce, fabricados en China Nacionalista.

Artículos como las poncheras, vasos y similares tuvieron la suerte de los juguetes. El camino fue expedito y sepultaron a los higüeros. Por supuesto, el plástico es maleable en fábricas con moldes apropiados a cada objeto.

El higüero, en cambio, carece de esa versatilidad. El Cronista de Indias, Gonzalo Fernández de Oviedo conoció de su uso como vaso y recipiente para agua. Aquí, en la isla La Española, se usaron el higüero pequeño y el grande.

Con el pequeño se preparaban las maracas y los vasos. Estos últimos, como hemos visto, también se confeccionaron en barro.

Fernández de Oviedo destaca la confección de vasos en el centro del continente. El higüero era labrado en su exterior con figuras repujadas en bajo relieve y se le montaban asas de oro.

En La Española, en cambio, el aborigen, de menor desarrollo relativo, careció de ideas para prepararlos de tal manera. Aún bajo esas limitaciones, el higüero sobrevivió a la colonización.

A lo largo de años, cortado a la mitad desde el punto de nacimiento al fondo, el higüero grande, sirvió en las cocinas del país.

Seco, servía para aventar arroz, granos de leguminosas y maíz caquiao. Este último es el maíz partido a pilón o entre piedras redondas al estilo de los aborígenes. En muchos campos, el higüero pequeño se utilizó como vaso hasta la proliferación del vaso plástico rígido reusable.

Con agua, el higüero grande sirvió como auxiliar de fregaderos, en el lavado de cuchillería y cerámica ligera.
A la vista de matas de higüero en zonas residenciales –como las vistas que acompañan este escrito-, pienso en la imposibilidad de revertir el proceso de los años del decenio de 1950.

El higüero puede utilizarse como bangaño, es decir, recipiente para el agua. Partido, el grande, podría retornar a los usos propios de siglos pretéritos y hasta cincuenta años atrás. Pero el higüero carece de la versatilidad del plástico.
¿Tal vez convenga utilizar, de nuevo, el barro? Mi madre sostuvo siempre, que las habichuelas guisadas en olla de barro alcanzaban un sabor incomparable.

Por Pedro Gil Iturbides

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