¡No dejemos que nuestro ecosistema muera!

Por José Abreu Díaz
Los pueblos reflejan el alma de las personas que los habitan, y no es preciso elaborar un diagnóstico para constatar que en lugares como el que aparece en la fotografía existe gente de paz, laboriosa, honrada y virtuosa como los municipes de Bohechío, provincia de San Juan. 

Con el paso de los días uno percibe que todo cambia; desde el modelo de organización del espacio geográfico hasta la visión que cada uno de los moradores tiene de éste, y la postura con que se asume la vida misma. 

Esa realidad es lo más natural, pretender lo contrario sería desear frenar el tiempo, lo cual es imposible. Todo se transforma, nada se queda igual. 

Tratemos de que esa evolución irreversible no se traduzca a una muerte imparable del ecosistema en todas sus dimensiones. Que no solo se conserve el área verde, sino también el recuerdo de compueblanos que brillarán eternamente.

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