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52 aniversarios matanza de Palma Sola

El domingo se conmemoraron 52 años de la matanza de Palma Sola, San Juan de la Maguana, 28 de diciembre de 1962, y 92 años de la muerte violenta de Olivorio Mateo Ledesma, 27 de junio de 1922, lejos de olvidar, ambos hechos cobran cada día mas interés en historiadores y sociólogos, regionales y nacionales, así como más y más seguidores y creyentes. 

Aunque parezca una paradoja, y sin ánimo de exagerar ni reivindicar el olivorismo y el palmasolismo, mientras a los héroes de la Batalla de Santomé, ocurrida el 22 de diciembre de 1855, especialmente quien la dirigió, el general José María Cabral y Luna, solo se recuerdan cada año con actos de conmemoración, que por cierto muy pocas personas asisten a los mismos, los dos primeros cada día concitan mas interés y seguidores, cuyos temas son debatidos en tertulias, conversatorios, en medios de comunicación y hasta se organizan seminarios con participantes con ideas encontradas. 

Los viernes de cada semana, en la comunidad de Maguana Arriba, ubicada en la parte Norte de este municipio, próximo a la cordillera Central, decenas de personas, a pies y a lomo de animales, con velas, copias de la histórica foto de Olivorio amarrado con sogas, envuelto en yaguas después de su muerte, peregrinan para bañarse en la famosa Agüita de Olivorio Mateo, a quien les formulan una diversidad de peticiones, principalmente de “curación y buena suerte”. 

No es de extrañar que 92 años después del asalto al último refugio de este místico y, mesiánico personaje, Olivorio Mateo Ledesma, perpetrado por un contingente de policías al mando del capitán Williams y el teniente Luna, la Iglesia católica, o al menos ninguno de sus líderes, nunca han mencionado las palabras Palma Sola, mucho menos la de Olivorio, ni en bien ni en mal. 

Poco menos de un siglo después de su muerte, 92 años, y 52 de la masacre, su silencio, lejos de provocar olvido y rechazo a los calificativos de “delincuente y de vagos”, los creyentes y seguidores, de Olivorio y Palma Sola, historiadores, sociólogos, politólogos, cada día se multiplican sin parar. 

En 1911, por presión e influencia de terratenientes, autoridades locales y nacionales, decidieron acabar con las actividades olivoristas y en ese entonces el general Juan de Dios Ramírez, jefe comunal del pueblo, dio instrucciones para que fueran detenidos Olivorio y sus seguidores, siendo apresado y encerrado en una cárcel de Azua, desde donde salió sin formulársele cargos, según cuentan historiadores. Pero, poco tiempo después, en ese mismo año de 1911, el presidente de la Republica, Ramón Cáceres ordenó la destrucción del olivorismo, debido a la gran presión de sectores religiosos y económicos, concluyendo con su apresamiento y posterior fusilamiento.

Inclusiva, en años anteriores, los jerarcas de dicha institución religiosa ejercían presión, directa e indirecta para que las autoridades del Ayuntamiento mejoraran el pequeño tramo que va desde el poblado de Maguana Arriba hasta la Agüita de Olivorio, para reducir el flujo de visitantes al lugar, pero están perdiendo no solo la batalla, sino también la guerra porque dichos funcionarios han estado invirtiendo en su mejoramiento y mantenimiento. 

Hay que admitir que no todo es gloria, no todo lo que brilla es oro, pues dentro de los análisis y debates en torno principalmente a Olivorio Mateo Ledesma, por parte de intelectuales e historiadores y sociólogos, muchos se resisten a creer que este es un “patriota que se alzó en armas con parte de sus seguidores en contra de la primera intervención norteamericana a este país, ocurrida en el 1916”, mientras que otros lo reivindican como tal. Alrededor de Olivorio Mateo Ledesma se han tejido muchas leyendas, la mayoría a su favor no como para que sea tema de debate sino para que aumente el número de seguidores y creyentes, principalmente los de menos escolaridad, aquí en Las Matas de Farfán. 

Entre las tantas leyendas, “la misteriosa desaparición de su hogar,” cuyos familiares después de una ingente búsqueda decidieron realizarle el tradicional nueve días de rezos, y el último reapareció, llegó al lugar, diciendo. Yo vengo de muy lejos, un ángel montado en un caballo grande me condujo al cielo ante Dios, quien dotó de poderes divinos, como la prédica religiosa y la curación de los enfermos”. Desde entonces a la fecha, al lugar donde se dice que él asistía a bañarse y descansar, asisten, a la Agüita de Olivorio, en un pequeño río subterráneo que nace en la cordillera Central y una parte de sus aguas se posan en un reservorio natural, cada día más seguidores. Por Manuel Espinosa Rosario//bohechiodigital@gmail.com/29/12/14.