¿Y la tregua de Navidad para cuándo?

Estamos a unos días para el inicio de la Navidad, sin lugar a dudas la época más hermosa del año, donde afloran los mejores sentimientos del ser humano. Se dan las circunstancias para que se exprese la solidaridad en todo su esplendor.

Tratamos de mitigar las carencias de nuestros amigos, relacionados y hasta no relacionados; no solo en el orden material, sino de afectos, de un sano compartir.

Es una época donde las condiciones climáticas: cielo gris, llovizna, “el friito”, se hacen cómplices de la alegría y la tristeza, según el estado anímico por el cual se esté pasando.

Esto así, porque siempre tenemos sentimientos encontrados: alegría por un lado, con el reencuentro de familiares y amigos, en un ambiente de confraternidad, de jolgorio; por el otro, de tristeza al recordar tiempos pasados, que siempre entendemos que fueron mejores; por la ausencia o partida de familiares y amigos de nuestra intimidad.

Hoy añoramos con mucha nostalgia esa navidad de antaño que aún vive en nuestras almas, porque en esa navidad se respiraba paz, y éramos felices junto a los demás. Éramos como San Francisco de Asís: “deseábamos poco, y lo poco que deseábamos lo deseábamos poco”.

La Navidad de ayer vamos a recordar, y como antes vamos a celebrar con mucha alegría junto a los amigos y toda la familia.

Me retrotraigo a fines de los 60 y la década de los 70, en San Carlos, en la adolescencia y la juventud, pienso en aquellas mañanitas, del sabroso jengibre y las galletitas, recorriendo abrigados las calles bien tempranito, junto a los amigos cantando villancicos. Nos guiábamos por el sonido de las guitarras, la güira y la tambora, buscábamos a las muchachas, pues en tiempo de navidad cualquiera se enamora.

Cuando llega Navidad nadie quiere trabajar, todo el mundo quiere estar preparado para canear. Ya sea con un trago de cerveza, ron o vino, todos quieren vacilar este tiempo tan divino.

No hay mejor momento que la navidad que nos une a todos de forma natural. Que en todos los pechos se encienda un arbolito con el nacimiento del niño Jesucristo.

Que se aproveche la época para que de manera sincera se le propicie al pueblo dominicano unas navidades libres de diatribas, de magnificar los problemas, que sé no son pocos, pero que se necesita tranquilidad emocional, sosiego, que es la mejor forma de bregar con la situación de penuria y precariedades en que viven muchos de los dominicanos.

Que en el año nuevo que está próximo resurja la esperanza, que se pueda ver la luz al final del túnel, que el liderazgo político tenga luces para visualizar y plantear soluciones a nuestros males. Así también, el pueblo cuente con la sabiduría necesaria para elegir lo que más convenga para alcanzar sus más preciados anhelos.
¡Venga esa tregua, pues! 

Por Nelson Rodríguez Monegro

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