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Época propicia para la reflexión

La familia dominicana necesita concentrarse en una profunda reflexión sobre el presente y las expectativas para el porvenir. 


Hablamos de la familia entendida como la unidad social básica compuesta por los padres, hijos y hermanos, y también de la familia grande que es el Estado, integrada por todos como nación, por las instituciones y las leyes que nos rigen, y por los poderes que deben ser administrados y ejercidos con apego al ordenamiento jurídico. 

La familia como unidad social básica ha estado muy resentida por la falta de cohesión que ha sido madre de la violencia intrafamiliar, los feminicidios, el embarazo precoz y la delincuencia. 

La familia está acosada por elementos destructivos, y este año ha sido rico en esas ocurrencias. Es obvio que se requiere una profunda reflexión para identificar causas y aplicar correctivos desde el hogar. Desde el punto de vista macro, de la familia que es el Estado, las cosas no han podido ser peores. 

La base institucional ha sido resquebrajada por la falta de autoridad, la corrupción, la impunidad, falta de autenticidad, inseguridad creciente, el endeudamiento excesivo y la supremacía de los apetitos de poder motorizados con un clientelismo dañino. 


Bajo el predominio de factores tan sombríos, el Estado, la familia que es la nación, corre riesgos de decadencia y disolución. Hay que reflexionar sobre la forma en que se trafica y vende la nacionalidad a inmigrantes indocumentados de origen y parturientas que pagan peaje a cambio de su ingreso al país. 

Al margen de que muchos utilizan esta época para la parranda y el desenfreno, en Navidad siempre hay espacio para el buen deseo y los sentimientos nobles. 

Eso la hace propicia para reflexionar profundamente sobre qué estamos haciendo con la familia y hacia dónde estamos conduciendo al Estado como familia nacional. Inclusive, hay que ponderar con ánimo autocrítico la forma en que tomamos la diversión y el gozo en tiempos como estos, que muchos aprovechan para hacer mezclas letales como la de alcohol con velocidad, que no es más que un culto al desprecio de la vida propia y ajena. 

La época es buena para reflexionar. Mientras podamos hacerlo y sacar conclusiones sabias sobre lo que debemos corregir, estaremos exentos del lamento por no haber asumido a tiempo la responsabilidad de mejorar nuestras conductas. 

Somos una nación próspera cuyos hijos merecen que contribuyamos a ser cada vez mejores. Reflexionemos para forjar el porvenir que queremos. Editorial hoy digital.

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