¡…Dale pa’ bajo!


Es un término muy conocido en la Policía y en el tigueraje callejero para referirse a la eliminación física de un individuo. Así les dicen los policías a las ejecuciones sumarias o muertes extrajudiciales de los delincuentes, pero también así les llaman los delincuentes a sus ajustes de cuenta o a sus asesinatos por encargo.


 “Darle para abajo” a los delincuentes ha sido la ocurrencia más común en algunas jefaturas policiales que han asumido la eliminación física como el método más efectivo para sacar de las calles a los elementos peligrosos del bajo mundo, algunos de ellos con una ringlera inacabable de imputaciones criminales. Se trata, obviamente, de un método ilegal y cavernario. 

Otros “más generosos” han preferido ordenar a sus agentes que los delincuentes curtidos en el crimen sean inutilizados físicamente en vez de ser ejecutados, y antes que en la cabeza, les dan un tiro en una rodilla que les demuele la rótula. Cuando no, en las dos rodillas. 

La idea inicial de un procedimiento tan poco ortodoxo y fuertemente criticado por defensores de los derechos humanos, tenía el propósito de que los delincuentes no pudieran escapar después de apresados por los policías. O sea, que el tiro en la rodilla era la equivalencia de las esposas. 

El término “dale pa’bajo” se hizo común durante la jefatura policial de Pedro de Jesús Candelier y lo usaban indistintamente policías y delincuentes, pero la “fórmula piadosa” del tiro en la rodilla surgió durante el mandato del general Guillermo Guzmán Fermín, que en la Policía se considera una de las mejores jefaturas de las últimas décadas. 

Una gestión policial que también dejó historia por represiva fue la del general Jaime Marte Martínez, que sustituyó a Candelier en el último tramo del gobierno de Hipólito. … Represión y resultados 

Las estadísticas demuestran que la represión policial, mientras más brutal, mayor delincuencia genera. No existe explicación sociológica para este fenómeno que sí logra en principio que los delincuentes agachen la cabeza hasta que pase el vendaval para luego volver con mayor agresividad y violencia. 

 A las jefaturas policiales en extremo represivas como la de Candelier y Marte Martínez, les siguen períodos de delincuencia generalizada y brutal, por los que sus efectos siempre resultan contraproducentes. 

Mientras más delincuentes sacan de las calles a golpe de violencia, más delincuentes regresan a las calles exhibiendo mayor crueldad. Es un círculo vicioso que se ha repetido por décadas y que está correctamente diagnosticado hasta por organismos internacionales que observan el fenómeno en todos los países de Latinoamérica. Ahora mismo, con los militares patrullando las calles junto a la Policía, ha bajado el nivel de delincuencia. 

Aún así, a principios de esta semana se reportó el asalto a un discreto restaurant de la avenida Enriquillo, a sólo cientos de metros de la residencia del Presidente Danilo Medina. Los parroquianos fueron despojados de su dinero y objetos de valor.

El doble estándar En todas partes es igual: cuando la delincuencia se sale de control, la gente exige mano dura a las autoridades, pero cuando esa “mano dura” actúa, llueven las acusaciones de personas particulares y de entidades que dicen luchar por los derechos humanos. Ejemplos hay por montones.

Pero un caso reciente fue el del joven John Percival Matos, que se lució en videos que se hicieron virales asaltando una sucursal bancaria de Plaza Lama donde dos guardianes fueron gravemente heridos. Antes, él y su banda habían robado otras entidades financieras, con muertos y heridos. 

Todo el mundo exigía acción de las autoridades… Pero cuando Percival cayó abatido enfrentando a las autoridades, lo atribuyeron a un crimen sumario… ¿Y entonces? ¿Cómo lo hacemos…? Autor César Medina/

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