Puro teatro haitiano


Los dominicanos tenemos que aprender a leer las señales del teatro haitiano para no dejarnos provocar por las crisis internas que quieren exportar hacia nosotros. 

El último caso es el de la ayuda y la presencia de militares dominicanos custodiando la ayuda. 

El Gobierno dominicano pecó de ingenuo si pensó que a un mes de las elecciones, la presencia de la ayuda dominicana (con o sin militares), no iba a ser un tema crucial de la política haitiana.


No bastaba llegar a un acuerdo (al que se llegó cordialmente) con el presidente provisional. Había que involucrar a los poderes públicos y hasta a los partidos, pues quien está abajo en las elecciones utilizará (aquí y allá) cualquier ocasión para arrimar fuego a su asador. 

Con Haití hay que partir de que el juego no será limpio, pues es tradición de ese país echarle la culpa al otro, al que sea, de sus problemas, o para que se olvide que sus dificultades son creación de una elite a la que nunca le ha importado la suerte de los pobres, pero que maneja la ideología de la pobreza como fruto del despojo colonial o del vecino “imperialista”. Sólo la ayuda dominicana es “peligrosa”. 

Solo los soldados de un país que nunca ha pretendido dominarlos (aunque ha podido) y que van en misión humanitaria, son los que atentan contra la soberanía haitiana. 



¿Y los miles de soldados de la Minustah, que llevaron enfermedades y que son incapaces de proteger un convoy de las Naciones Unidas, no violan la soberanía? Olvidémonos de las pequeñeces de política interna de los haitianos. 

Eso no tiene arreglo. Ahora bien, hagamos nosotros nuestra tarea por el libro para no dar nuevas excusas a los que quieren seguir viviendo de la tragedia haitiana.
POR ADRIANO MIGUEL TEJADA/20/10/2016.

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