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Hostos, 113 aniversario de su muerte

Por Rubén Moreta 

La muerte del insigne maestro Eugenio María de Hostos, tristemente acaecida el 11 de agosto del 1903, fue un duro revés en la perspectiva del cambio social y político de la República Dominicana. 

Este pedagogo impulsó una singular revolución cultural en la República Dominicana porque inició la profesionalización del magisterio, promovió un paradigma instruccional desmarcado de la tutela religiosa y construyó un modelo educativo ordenado, sistemático, crítico y emancipador. 

Con su discurso promotor de una educación laica, Hostos potenció una perspectiva humanística liberadora de los sujetos sociales y de la escuela nacional. 

La existencia hoy de un sistema educativo nacional que da respuestas a las demandas sociales de formación, tiene sus antecedentes en la impronta hostosiana. Su paradigma de enseñanza encuentra actualidad y pertinencia, en estos momentos en que la escuela dominicana, como en el medioevo europeo, se encuentra prisionera de los dogmas religiosos. 
Sobre el impacto de la muerte de este iluminado educador, los hermanos Henríquez Ureña Pedro y Max- emitieron consideraciones muy punzantes: Pedro, quien de joven lo conoció y trató, concluyó que: “Hostos murió de enfermedad brevísima, al parecer ligera. Murió de asfixia moral”. 

  Max Henríquez Ureña, sobre la ida del ínclito pedagogo señaló: “Eugenio María de Hostos ha muerto! Ha caído agobiado, vencido por la tristeza y el desencanto, apagada la antorcha de los ideales que amó su alma generosa”. Y También escribió: “A Hostos lo mató la tristeza, lo mató el dolor del ideal irrealizado”. 

Los médicos que le asistieron en sus últimos momentos Arturo Grullón, Rodolfo Coiscou y el mismo Francisco Henríquez y Carvajal (padre de Pedro, Camila y Max) consignaron que el prócer antillanista había fallecido: “de una afección insignificante a la cual hubiera vencido fácilmente cualquier otro organismo menos debilitado y, sobre todo, menos postrado por el profundo abatimiento moral que minaba hacia algún tiempo la existencia del insigne educador”. 

Si aspiramos con sinceridad a una revolución educativa en la República Dominicana en el siglo XXI, solo hay que volver al paradigma de Eugenio María de Hostos. Simple. 
El autor es Profesor UASD. 11/08/2016.

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